Amor era esa idea. Ese sentimiento mutuo que parecía eterno, las cosquillas estremecedoras que nacían en el estómago con solo mirarla, ese reflejo involuntario que te hacía creer que el mundo tenía sentido. Amor era esa idea. El suspirar en silencio, convencido de que en su presencia lo tenías todo. Era preocuparte por cada detalle, desear que la vida le sonriera, acompañar cada sueño, aunque el tuyo quedara en espera. Amor era compañía, refugio y promesa. Amor era esa idea. Un sentimiento que se forjaba en las batallas diarias y que, al final de la jornada, implorabas que no se apagara ni se deshiciera entre las estrellas. Amor era esa idea. Que alguien te cuidara, que alguien te protegiera. Que su sola presencia atravesara cualquier distancia, incluso el frío cristal de una pantalla. Amor era esa idea. Que aun lejos te buscara en silencio y se preocupara por ti. Era cuidar y dejarse cuidar; era más que amar: era un acto de fe, una entrega sin condiciones. Amor era esa idea. El gesto ...
Solo son ocurrencias escritas, plasmadas en un diario roto