Ir al contenido principal

El asco emocional


El asco emocional 


Es extraño ponerte frente a la ventana cada noche de frío, ese frío que vuelve imposible calmar la mente. Se filtra en los pensamientos y hace aflorar las preguntas que un día no tuvieron respuesta. El frío te deja tieso, como aquel momento en que descubriste la verdad: esa maldita verdad que te rompió, te volvió vulnerable y provocó asco.

Entre esas preguntas aparece una certeza incómoda: muchas personas no buscan amar de verdad; buscan beneficiarse emocionalmente. Te dejan helado, sin movimiento, porque a ellos les gusta sentirse acompañados, cuidados y deseados, pero nunca asumen la responsabilidad afectiva que eso implica.

En ese frío persistente y en la incoherencia de tu mente surge la pregunta: ¿alguna vez te amó? Y de ahí nace el asco emocional. La verdad es que tú cargaste con todo, porque esa persona no estaba preparada para una relación sana ni responsable, ni consigo misma ni con nadie. Simplemente consume.

Los límites nunca fueron claros por su incapacidad emocional. No asume las consecuencias de sus actos, y tú intentas resolver su frialdad con amor. Pero la verdad es otra: no te amó. Nunca te amó. Te dejó débil, inconsciente, frágil, como un corazón cristalizado por el frío que termina rompiéndose. Y aun así, te preguntas si te amó.

Entonces aparece la confusión: ¿es odio? No, no es crueldad ni odio gratuito. Es tu mente diciéndote que te hizo daño y que necesitas distancia. Aun así, quedan preguntas por resolver. Entregaste tu intimidad, esa confianza que apenas te quedaba, a una personalidad que resultó ser falsa. Te expusiste emocional y físicamente, llevándolo todo al límite. Y después solo queda el asco: el asco de la traición a tu entrega.

Te duele soltar, porque incluso en tu frialdad hay amor. Pero nadie estuvo a tu altura, nadie puede salvarlo ni cambiar lo que es. Lo único que conseguiste fue romperte tú, consumido por el dolor, mientras lo ves a lo lejos escapar sin piedad, anestesiado, siguiendo con su vida.

Eso que te destruyó no fue el amor. Te destruyó la desigualdad de haber amado en soledad. Aun así, aprenderás a vivir incluso en el frío de ti mismo. Tú sí sanarás, porque enfrentaste el dolor y el asco de amar. Y recuerda: ese amor que diste no se perdió, no se quedó en esa persona. Sigue vivo en ti, y en ese amor también sanarás.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Después del felices por siempre

¿Cuál fue la primera historia de amor que viste?... Muchas de las primeras historias de amor que uno conoce son las del “ fueron felices para siempre” . De esas que yo veía cuando era niño, sentado por horas, mirando cómo ese amor siempre vence al villano, a ese que intenta que, al final de toda la batalla, no se reúnan. Pero ese amor es tan fuerte que el destino, marcado por guiones perfeccionistas, termina juntándolos y sellándolo todo con un final feliz. Al menos esos eran los cuentos que yo veía. De ahí aprendí a esperar mi propio felices para siempre. Fuera de los dibujos animados y las caricaturas, también estaban las novelas profundas, donde, a pesar del orgullo, los amores se reencuentran después de abrir los ojos y entender que aún no es tarde para ese final feliz. Otra vez, los grandes autores nos llevan a retroceder el tiempo, al arrepentimiento del primer rechazo, para volver a encaminar la historia hacia un felices para siempre. O como Romeo y Julieta, que nos muestra u...

Amor era esa idea

Amor era esa idea. Ese sentimiento mutuo que parecía eterno, las cosquillas estremecedoras que nacían en el estómago con solo mirarla, ese reflejo involuntario que te hacía creer que el mundo tenía sentido. Amor era esa idea. El suspirar en silencio, convencido de que en su presencia lo tenías todo. Era preocuparte por cada detalle, desear que la vida le sonriera, acompañar cada sueño, aunque el tuyo quedara en espera. Amor era compañía, refugio y promesa. Amor era esa idea. Un sentimiento que se forjaba en las batallas diarias y que, al final de la jornada, implorabas que no se apagara ni se deshiciera entre las estrellas. Amor era esa idea. Que alguien te cuidara, que alguien te protegiera. Que su sola presencia atravesara cualquier distancia, incluso el frío cristal de una pantalla. Amor era esa idea. Que aun lejos te buscara en silencio y se preocupara por ti. Era cuidar y dejarse cuidar; era más que amar: era un acto de fe, una entrega sin condiciones. Amor era esa idea. El gesto ...